miércoles, 10 de enero de 2018

EX MACHINA

Vuelvo, siempre vuelvo, hay cosas que cambiar siempre, que mejorar, que evitar, que borrar. No es cuestión de dejar que un bucle temporal todo lo arruine y nos condene a un tiempo que no merecemos. El tema es ser preciso, conciso, saber calcular que modificar y que dejar como estaba. Las consecuencias suelen ser imprevisibles, exponenciales.

Me da mucha ansiedad el regreso, dado que ahí se notan los cambios, algunos son sutiles otros tremendos. Un error en las modificaciones pueden ser terribles. Más de una vez he regresado a un infierno, a la nada misma, a un mundo donde no existía o todo era peor que antes. Un desastre. Por suerte, tengo unos minutos relativos de limbo donde se puede regresar al punto anterior, pero una vez que esos minutos pasan ya nada se puede modificar, no hay vuelta atrás.

Lo cierto es que ahora tengo que volver una y otra vez, constantemente, a pulir detalles, a calcular como nunca antes, a purificar, a erradicar o crear, depende el estado de las cosas. Lo extraño es que se han abierto unas variables paralelas y simultáneas de paradojas espacio temporales con las cuales no puedo lidiar del todo bien.

He decidido simplemente eliminar algunas lineas, algunas convergencias y divergencias donde no me gustan los resultados. Pues, aunque parezca que está todo bien, en el devenir de la líneas del tiempo el caos es devastador. Y no es que el caos sea evitable, todo viene de ahí y hacía ahí mismo regresa. A desvanecerse en la oscuridad del infinito silencio.

Lo paradójico es que envejezco cada vez más rápido, a veces ya no me reconozco, por eso mi apuro en lograr una linea temporal estable, buena, pulida y pacífica donde salga todo como pretendo. Pero quebrar el destino no es cosa fácil.

Así que quizás jamás vea mi creación, el universo concebido en mi mente. Quien sabe si los seres que lleguen luego a cubrir sus puestos en el mundo me recuerden, sepan de mi vida. Tal vez los profetas den debida cuenta de mi existencia.

Martín Espinoza, 10 de enero de 2018.-



lunes, 8 de enero de 2018

DUEÑOS

Un haz de luz bajó del cielo, luego varios. Muchas luces en formación. Altas, lejanas, silenciosas. Todos quedamos perplejos, asustados ante ese espectáculo particular. De repente el pueblo quedó a oscuras, no funcionaba nada. Me di cuenta que era un buen momento para buscar refugio.

Lo último que recuerdo fue un sonido terrible. Y luego la paz, ese silencio que no puede ser otra cosa que señal de muerte. Desperté quien sabe cuando. Pero me dolía todo el cuerpo. Con dificultad caminé entre las ruinas hacia el día. No puedo describir con palabras lo que veía, lo que creí que veía. Parecía otro mundo, otra tierra. Otro lugar.

Volví a donde estaba mi antigua casa, entre las ruinas encontré algunas de mis cosas. No había nadie, ni vivo ni muerto, simplemente nadie. Me fui despacio, sin rumbo fijo, hacia donde sea. Hasta donde llegara en mi estado.

Anduve días enteros con sus noches. No me noté cansado ni con hambre, con nada. Simplemente caminaba sin parar en un desierto de dimensiones inimaginables. Encontré una especie de estructura, alta, oscura, fría. Pude entrar en ella, en sus compleja geografía, solamente encontré algunos repuestos, unos pocos mensajes que no entiendo.

No sé cuando, desconozco ahora los segmentos del tiempo pues se ha perdido esa medida en este mundo. Pero supe encontrar uno de ellos. Me miraba asustado, me decía cosas que no comprendía. Quise acercarme pero lo que pasó fue horrendo. Un destello azul me encegueció y a quien había encontrado ya no estaba más.

Así estuve, buscando esos seres y eliminándolos uno a uno, sin piedad, sin pensarlo, sin quererlo. Ya no era uno de ellos, ya no sé que era. Simplemente hacía lo que tenía que hacer, no podía evitarlo, así estaba programado mi cuerpo nuevo. Era una máquina creada por ellos, los invasores, los nuevos dueños.

Martín Espinoza, 8 de enero de 2018.-



domingo, 19 de noviembre de 2017

IN TEMPORE

No puedo decir que antes hubo tiempo pues ya no hay antes, ni ahora, ni después. Todo pasa a la misma vez, principio y fin, alfa y omega de todo es uno mismo. Matamos el tiempo, terminamos con esa dimensión que nos tenía prisioneros. Aunque debo confesar que todo fue un mero accidente; un día de pruebas en nuestro colisionador. Nadie esperaba que pasara semejante cosa. Todos los cálculos eran perfectos, o eso pensamos.

Es un caos tremendo, se rompen todas las leyes cuánticas del espacio tiempo de las cuales no sabemos nada y sabemos todo. Es una cuestión de ilógica sin precedentes (tampoco debe existir más esa palabra).

Lo cierto es que después de ese evento al poco tiempo (valga la ironía) notamos con horror que el tiempo ya no era una constante en este universo, al menos en este mundo, al menos para nosotros. Bastaba apenas cerrar los ojos, pestañear para cambiar de época. A veces podía ser un segundo antes, diez días antes o después. Hasta que definitivamente perdimos la noción temporal de todo pues podríamos ir a parar a un pasado que jamás había sucedido o si, pero a ese nosotros que viajaba, o nosotros íbamos a parar a un presente que no era el nuestro, o si. Ya no sabemos cuantos nosotros existen, hay miles y cada vez somos más. Versiones nuestras de tiempos diversos, con historias diversas. Gemelos del tiempo muy distintos los unos de los otros.

Y quien diga que no pueden coexistir varios seres siendo uno pues uno destruiría al otro en una especie de desintegración milagrosa se equivoca totalmente. Prueba de esto es que en mi casa somos siete yo, siete seres tan distintos que nos llevamos bien y a veces muy mal. No lo soporto, no me soporto.

Hubo varios intentos de marchas de protesta en contra de semejante aberración cronológica pero ninguna prosperó. De repente desaparecían sus integrantes y al rato aparecían de nuevo con ideas distintas o aducían que ya a esa marcha la habían realizado más de un millón de veces. Lo bueno, por llamarlo de alguna manera, de todo esto que es no pareciera haber bucles, repeticiones ab infinitum de un evento.

O si, en este mundo actual todo puede pasar y nada a su vez. Cambia la sociedad, el clima, la misma forma de la materia en un instante o simplemente esta todo ahí, pero no podemos notarlo, vemos partes sueltas de un todo separado pero unido de maneras que no podemos explicar pues (al menos quien ahora escribe esto) somos prisioneros del espacio-tiempo en donde fuimos forjados antes de haber sido lanzados a este caos.

Sin embargo hay algo que realmente nos une a todos: es la preocupación por algo que nos aterra por igual. De repente aparecen y desaparecen del cielo otros soles (este mismo sol diferente), otras tierras (esta misma tierra diferente). Las consecuencias han sido terribles. Ahora (perdón, es una costumbre el uso de esa palabra) nos acercamos a nosotros mismos en una colisión en apariencia inminente. Otra tierra, otro sol ocupando el mismo espacio es un dislate cósmico colosal. Y parece que cada vez esta rotura de las barreras en las branas de los demás tiempos paralelos se va rompiendo a niveles no ya de este sistema solar, si no la misma galaxia y seguramente de este mismo universo.

La paradoja es que sabemos lo que va a pasar y no va a pasar a su vez. Siendo que ya no existe ni ayer, ni a su vez, ni a la vez, ni recién. Existimos y no existimos, o nunca fuimos creados. Hay miles de soles diversos que es nuestro sol y ninguno, lo mismo pasa con el planeta y los demás planetas de este sistema solar o de los diversos sistemas solares similares que coexisten en el mismo espacio. Será cuestión de acomodarse.

Martín Espinoza, 19 de noviembre de 2017.-


domingo, 12 de noviembre de 2017

UNIFICADOS

La información es pública, todos lo saben. Cada cosa que se dice, se publica o se piensa es de todos. Para eso existe este sistema y las leyes que lo regulan. Las antenas transmiten constantemente los datos para acceso permanente a ellos. Esa es la libertad por la cual han luchado tantas generaciones anteriores.

El pensamiento humano ya no se pierde en la nada misma de la muerte, del olvido, se esparce, se almacena, se distribuye, se conserva. Quizás algunos suspicaces pongan el grito en el cielo o duden en voz baja de que no se transmite, de que se guarda, o de que se considera público o no. Ya todos sabemos quienes piensan eso, lo publicaron ayer mismo.

Duda paranoica, sin dudas, pues está ahí, de hecho, hay “bibliotecas” con infinidad de unidades de memoria (los pen drives que le dicen) las cuales poseen una amplia selección del más heteróclito compendio de pensamientos. Uno simplemente se coloca en pen drive en su unidad lectora y ahí mismo comienza a saber esas cosas, esas ideas, esa disciplina, esa cultura.

Y si algunas cosas pueden estar vedadas para todos en las antenas y las selecciones en las unidades de memoria portátiles es por ese incidente del cual todos sabemos dado que ha sido debidamente documentado y publicado para que aprendamos a no caer en lo mismo.

Pero por las dudas lo recuerdo en este informe: En el año 2018 se comenzó con la transmisión del pensamiento como información pública. A todos los ciudadanos se les impuso el implante que permitía la sintonización de esas transmisiones, además de poder usar los mencionados pen drives. El tema es que hubo cierto grupo terrorista (ya eliminado) que aprovecho este evento para esparcir pensamientos no aprobados por las autoridades. Todo esto devino en una batalla civil y posterior guerra contra los rebeldes subversivos.

Se pudo dar fin a las transmisiones clandestinas, pero aún no se sabe el número cierto de pen drives de pensamientos adversos que puedan estar libres en la sociedad. Así que cuidado, si ve, escucha o le parece que hay personas que se comporten de manera extraña, que huyan de la sintonía, que pretendan vivir aisladas en comunidades secretas bajo sus propias reglas usted está obligado a hacer la debida denuncia. De todos modos el sistema de transmisión también posee la capacidad de monitorear a cada ciudadano. Así que no hay manera de que puedan ocultar información alguna.

Ya lo dijimos. Todos es público, es la información misma, el pensamiento mismo lo que nos unifica y para eso es deber nuestro purificar el sistema. Erradicar todo lo que ponga en peligro la integridad de esta nueva sociedad, de este nuevo mundo donde todos son uno y uno es todo.

Larga vida al sistema unificado de ideas.

Martín Espinoza, noviembre de 2017.-



lunes, 6 de noviembre de 2017

VUELO

Esa noche hicimos “clic” como nunca antes había pasado. De repente ya no importaba nada de lo que ahí pasaba, fuimos dos seres nuevos que se encontraron en una frase, una palabra. Las horas pasaron rápido, sin ninguna despedida cada uno a su casa.

Durante la semana seguimos en contacto, la descubrí de muchas maneras, admiré su real belleza, ese talento, esa inteligencia.

No sé por que ahora pienso en su sonrisa, en sus ojos, en sus delicadas manos blancas.

La busco sutilmente, la provoco con palabras, me regala sus dones y siento que al fin existe eso de alma hermana. Somos ambos uno, o quiero creer que es de esa manera. Al menos puedo soñar aunque sea.

Si algún día decide irse lejos, me iré con ella, de la única manera que puedo acompañarla, con el pensamiento, las ideas. Los textos que reciten las estaciones, sumen los años. La vida entera.

Me hace falta y no lo supe hasta ahora, hasta leerla, escucharla, saber de ella, un poco más conocerla. Ahora mismo que decide abrir sus alas y levantar el vuelo para emigrar a mejores climas donde crezcan sus talentos.

Nunca estará lejos porque la llevo dentro, tatuada en el alma como una hermosa marca de lo que no poseo.


Martín Espinoza, noviembre 2017.-


sábado, 22 de julio de 2017

BOOTING

Miro alrededor, la misma breve habitación, el mismo lugar, la misma rutina. Nada cambia. Me preparo como es costumbre y salgo. El uniforme me proteje de todo lo que hay fuera, los ruidos, el aire sucio, el frio y, cuando salga, el sol asfixiante. No hay nadie de los pocos que quedaban a pesar de todo. Al menos eso ya fue una diferencia en la monomanía que se copia a sí misma constantemente.

Las ramas desnudas de unos pocos árboles no indican nada, hace mucho ya que no brotan plantas en esta zona, en el mundo entero. Subo al transporte que se eleva entre los escombros, los huesos. Veo de arriba justo el círculo donde existo, donde nada cambia. Del resto no queda nada.

En mi trabajo todo persiste, esa burocracia sagrada a las que muchos les rinden culto y que yo alimento con papeles una y otra vez cual bestia hambrienta salida del mismo infierno. O acaso esto el infierno. Ya no importa. Nada importa.

Se cierran las ventanas pues el sol quema de verdad todo. Nada nos proteje ahora de su furia vengativa. Es un buen momento para descansar un poco, recargar energía, completar formularios, oficios, sellos y otras cosas que ni vale la pena mencionar. Puedo terminar todo dado que nadie llega, nunca.

Debo esperar hasta la noche para salir, para ir a mi zona aislada donde no queda nadie pero hay un lugar donde estar al menos. No duermo nunca, cuelgo de mi lado, junto a los demás como yo, el mismo modelo, del mismo año, en las mismas condiciones, con los mismos cuidados. El mismo programa que nos hace uno solo siendo seres individuales.

Martín Espinoza, 22 de julio de 2017.-

jueves, 29 de junio de 2017

SOMBRA DE UNA IMAGEN

La sombra de una imagen1

Ella era hermosa, inteligente, muy emprendedora, exitosa en todo lo que se proponía. Cuidaba sus palabras, sus citas literarias, su ropa, lo que destacaba de su vida en las redes sociales. Sus viajes por el mundo expuestos en escenas maravillosas, en imágenes con destello de arte. Todo ella era imagen de algo inigualable.

Así fue todo muy bien por un tiempo, pero tanto mirarse en el espejo, de verse a uno mismo, de crear una idea abstracta y perfecta de un alma, de un mundo donde uno es el eje de todo puede ser peligroso. Ella no lo sabía. Cómo saberlo si ser el centro era su destino, la joya de la casa, la admirada por sus amigos y colegas, la elogiada donde quiera que sea. No podía haber nada malo en eso.

Así que sin darse cuenta se abocaba cada vez un poco más a eso, a ser esa imagen pulida, perfecta que ella misma se exigía y que perfeccionaba constantemente. Un concepto que todo el mundo tomaba por cierto, por justo e inalcanzable.

Pero la perfección tiene sus enemigos naturales: el tiempo, la rutina, la repetición, la falta de imaginación. Las ideas, se quiera o no, se van agotando. Lo que comenzó como la puesta en escena de una frase, de un viaje, de una anécdota poco a poco fue dando lugar a la misma creación ficcional donde ella era su personaje principal. La heroína ante todas las vicisitudes del mundo.

Poco a poco comenzó a repetir moldes, conceptos, viajes, anécdotas. Quedó congelada en un tiempo sin horarios, sin límites, sin espacio que la contenga. El espejo de sus letras le exigía subir la apuesta, ser siempre mejor, a cada momento, no podía perder la luz de la atención constante. Porque se retro alimentaba de eso, de las ponderaciones de los demás para alimentar sus pensamientos. Cada vez estaba más lejos de la realidad.

Pero si se piensa un poco. ¿Qué es realidad? ¿Qué la determina? Si nuestro cerebro apenas interpreta lo que está afuera de nosotros. Lo que percibimos como real es una construcción de nuestra imaginación. Y ella dependía de eso, de su imaginación. Somos la construcción de un pensamiento en palabras que están lejos de dar debida cuenta de la verdad de las cosas.

Así fue como de ella supe cada vez menos. Se fue perdiendo en metáforas, en juegos de palabras, en versos, en fotos viejas, en cadenas de palabras cada vez más difusas. Cada día era un poco la sombra de una imagen de la cual fue su autora y esclava a la vez.


1 A veces, ahora lo dudo, creo que nunca fue real, al menos nunca de esta realidad, en la cual me encuentro prisionero. Es como una sombra en la caverna, en mi caverna de ideas. Acaso, incluso, puedo asumirlo, la culpa sea mía.
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